sábado, 17 de junio de 2017

In Memoriam Concha Caballero

Dentro de unos días, se cumplen dos años y medio de la muerte de una mujer excepcional. Concepción Caballero Cubillo, una cordobesa de Baena, licenciada en Filología Hispánica; parlamentaria entre 1994 y 2008 y profesora de Lengua y literatura en un instituto de Coria del Río (Sevilla), escribió uno de los análisis más brillantes y premonitorios que he leído en el periódico El País el 18 de Enero de 2013:

"Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los estudiantes sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se compre y no se ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada prestación; cuando las pensiones sean tardías y rácanas, cuando nos convenzan de que necesitamos seguros privados para garantizar nuestras vidas, entonces se habrá acabado la crisis.
Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la baja de toda la estructura social y todos —excepto la cúpula puesta cuidadosamente a salvo en cada sector—, pisemos los charcos de la escasez o sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos hayamos cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes de la solidaridad, entonces nos anunciarán que la crisis ha terminado.
Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco años le han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron siglos en conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del paisaje social solo se había conseguido en Europa a través de la guerra. Aunque, bien pensado, también en este caso ha sido el enemigo el que ha dictado las normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir y las condiciones del armisticio.
Por eso, no solo me preocupa cuándo saldremos de la crisis, sino cómo saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y desiguales, sino también más cobardes y resignados ya que sin estos últimos ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría nuevamente en disputa.
De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han ganado 30 años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al nuevo marco social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto público por allá y voilà: su obra estará concluida. Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras vidas hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de la crisis y escucharemos por la radio las últimas condiciones de nuestra rendición."

El cáncer nos la arrebató el 21 de Enero de 2015; yo particularmente, sigo echando en falta su lucidez y cercanía. ¡Muchos no te olvidamos Concha Caballero!


Fue autora del libro Sevilla, ciudad de las palabras en el que hace un viaje por Sevilla a través de la Literatura Universal.

sábado, 10 de junio de 2017

El tribunal de la vergüenza

Una vez terminado este escrito que me propongo publicar, iniciaré una campaña en Change.org (que morirá virgen de seguidores) para la supresión del Tribunal Constitucional.
Este engendro, regulado por el título noveno de la Carta Magna; amparado por una ley orgánica de 1979 y apropiadamente maquillado por otra de 2007, no es ni más ni menos que una tercera cámara legislativa. Si bien es verdad que sólo puede actuar en forma negativa, es decir, que no puede crear leyes pero sí suprimirlas, el efecto final, es el de un consejo todopoderoso e inapelable, nombrado por un señor que no pasó nunca por las urnas (y de eso siguen cuidándose casi cuarenta años después de su imposición) a propuesta de:

Congreso de los Diputados: 4
Cámara del Senado: 4
Gobierno de turno: 2
Consejo General del Poder Judicial: 2 

En apariencia, todo muy democrático y legal; pero si consideramos que la Constitución de 1978 fue votada por un treinta por ciento de la población viva actualmente, con la imposición de un monarca como condición "sine qua non" para poder acceder a las esperadas libertades que dicha Ley de leyes traía como buena nueva tras una dictadura de cuatro décadas, ya se trae un tufillo a trágala que hasta hoy sufrimos.
A todas luces el tribunal más poderoso del Estado, aunque nos cuenten trolas al respecto, es elegido por el bipartidismo para garantizar: 

El bloqueo de leyes creadas; la derogación de otras que, habiendo sido sancionadas por las cámaras, afectan negativamente a los intereses de los que han nombrado a los Magistrados que integran dicho tribunal, y finalmente la aceptación de normas abiertamente inconstitucionales como la Ley Integral Contra la Violencia de Género de 2004.
Ariete contra cualquier iniciativa incómoda de las CC.AA y bloqueo efectivo de leyes por los dilatados plazos de sus pronunciamientos, el Tribunal Constitucional gobierna por la delegación de los estrechos círculos que, sin mancharse las manos, apelan a un tercero, un ente de desconocidos para el pueblo en general, para determinar qué leyes pasan el filtro de las normativas" como Dios manda"
Son innumerables las vergüenzas de este tribunal de notables; pero la última, ese lavado de cara de la amnistía fiscal de 2012, que "anula" (a buenas horas mangas verdes) los efectos de la ley cuando sus aviesas intenciones se han cumplido, y deja sin tocar sus consecuencias injustas para los que sí cumplen sus obligaciones fiscales, es para mí la puntilla definitiva de su desprestigio y necesidad de desaparición.

Cinco años les ha tomado redactar 22 folios, y casualmente, su fallo llega en el momento en que han prescrito los delitos de los 31,000 defraudadores (algunos sobradamente conocidos) y por consecuente, se habrán salido con la suya los delincuentes. Si hasta parece una provocación el que no hayan esperado 6 años, al menos para disimular.