martes, 30 de agosto de 2016

Civilizaciones y veranos extinguidos.


Con el ánimo siempre alerta ante cualquier posibilidad de infortunio, así como con la hipotética malicia que los extranjeros de mí pudieren albergar (por supuesto tomando como referencia la que más conozco, que es la mía), he coleccionado y editado algunas estrategias para tratar con el mundo exterior y salir lo menos dañado posible.
He aprendido de los Incas, porque de TODOS, aprendemos algo, que el enriquecimiento de los hábitos y costumbres prácticos o valiosos, es inevitable en la interacción de culturas diversas. Por eso Los Quechuas (lo de Incas vino después por ese afán reduccionista de los cronistas españoles; que hoy escribirían: "Hola, ¿K Hces?) no arrasaban los pueblos conquistados; una especie de táctica del tipo de: preferir que las gallinas pongan huevos en lugar de comerse una barbacoa y  punto final, llevaban a estos pueblos sojuzgados, colonos de la estirpe de la Civilización de "El Tahuantinsuyo" (que es lo suyo) para nombrar a: " Los Incas" correctamente, y entre ambos pueblos, compartían información para elaborar mejoras en la vida cotidiana, la agricultura etc.
"El Inca", era el nombre que ostentaba el emperador; La Coya, era la emperatriz (hoy llamamos coyas a: Los Hatunrunas, que eran los peones rurales dedicados a la agricultura);
"El Auqui", era el príncipe heredero; los gobernadores: "Suyuyuc Apu", y finalmente, "Los Yanacunas" que era la clase sirviente.
Hablar de "Los Incas", es un error extendido por tanto, que terminó haciéndose oficial para la RAE, como  "las almóndigas" y el "lapso de tiempo"
Volviendo a la reflexión inicial; y perdonen Uds. la dispersión a que me somete la hipomanía, aprendo del otraje, y actúo como si fuera un tipo lleno de plumas dispuesto a llevar a la piedra del sacrificio a quien sea, si fuera menester. Tengo un natural bueno, y también malo, como todo dios, mas suelo controlar a ambos para que ninguno se imponga al otro y acabo siendo un buen tipo con una pizca de mordacidad, un poco de "buenismo"  y  algo de imprevisibilidad.
Para ofertas de amistad ( y lo que surja) se ruega enviar mensaje al 69069, mencionando el lema: Ya es Otoño en Pucela

viernes, 26 de agosto de 2016

En nombre del pueblo italiano


Recuerdo una película en la que tras ese preámbulo, se ejecutaba una sonora pedorreta.
Con el dinero que se ha gastado en los jardines del exiliado Wert, seguramente se podría repatriar el cadáver de la infortunada Ana Huete y aún sobraría dinero para traer aquí a todos los demás que murieron en el terremoto de Italia.
Apelando a una ley española que no considera a un terremoto "una causa excepcional", la familia de la granadina, deberá hacerse cargo de los seismil Euros que supondrá traer a España los restos de la joven.
Los problemas de los ciudadanos, inclusive si son tragedias imprevisibles, no son asunto del presupuesto español; pero si el pulgón ataca los parterres del mayor mamporrero en su exilio dorado, ahí actuará presto el ministerio que haga falta.
Será porque el sol se ha ocultado tras unas densas nubes, porque tengo abusones a mi alrededor o porque asisto la enésima indignidad de quienes nos gobiernan. La cuestión es que hoy vuelvo a estar sombrío.
Entre la hipérbole y el hiperbolazo se desplazan nuestros próceres; y si eso es así, es porque millones de personas siguen ratificándoles, votándoles (más que por buenos, para joder a otros) y garantizando así un oprobio continuo.
No nos engañemos, como nación, tenemos los gobernantes que nos merecemos. Como colectivo somos incultos y ventajeros; perezosos para la responsabilidad e hiperactivos para la chorrada y la queja vacua de bar. Por eso nos gobiernan sucesivamente, mafias más o menos reverenciales. ¡En nombre del pueblo apátrida!: ¡Que nos zurzan!

domingo, 21 de agosto de 2016

Sólo le pido a la vida
Sólo le pido a la vida
algunas cosas sencillas:
que extienda el “finde” a los jueves;
que quiera a quienes me quieren 
y me olviden, quienes no.

Que me prolongue los días
en los que quiero vivir,
y me dé un sueño profundo,
en los días en que no.

Sólo le pido a la vida
no haya palos en mis ruedas; 
no voy a ninguna parte,
resulta ocioso el ponerlas.

Que me dé lo necesario y
que la muerte no  duela.
Que ya bastante he tenido,
 con las tripas y las muelas.

Quiero que los míos rían,
quiero que sean felices;
lo de la paz en el mundo, 
lo dejo para las “misses”

Solo le pido a la vida, 
una tregua cada tanto; 
el sol, la luna, los pájaros;
algo más de hipomanía,
y menos de desencanto.