lunes, 1 de diciembre de 2014

Apenas tribus


Hemos llegado incluso a la organización de asambleas mundiales, en las que se dirimen tanto las diferencias, como se coordinan los objetivos comunes de las naciones. Bloques de estados, aliados por costumbres o estrategias concretas, pujan  por ser quienes corten el bacalao minero o energético y pescar lo que quede en los mares. Bajo un barniz religioso o cultural, hay una guerra permanente por la preeminencia entre los hombres, y por lo tanto política. Aún no hemos abandonado la tribu.
¿Cómo podemos sorprendernos que contiendan norte y sur, este u oeste cuando podemos trasladar ese enfrentamiento a cualquier comunidad de vecinos?
El triste espectáculo de ayer, de hombres de una misma nación y "cultura", citándose a primera hora de la mañana para darse de mamporros como calentamiento previo a un partido de fútbol que jugarían otros, es muy revelador.
Nos ha costado y nos cuesta, ir más allá de la tribu; no despreciar a aquel que no mira al mundo en el mismo minúsculo ángulo en el que lo hacemos cada uno, por anteojeras culturales o como mera excusa  para la identidad.
La muerte de un hombre por causas como estas, es siempre de lamentar; pero si como es el caso, está detrás la supuesta afición a unos colores deportivos y la rivalidad que da pábulo al odio y la violencia por motivos tan nimios,  la sensación es más de vergüenza ajena que de pena.
Francamente, me gustaría ver tanto bravo guerrero impidiendo un desahucio o equilibrando el matonismo policial de algunas manifestaciones; pero mucho me temo que, mientras no fundemos el Damnificados Fúbol Clú, no caerá esa breva.