lunes, 1 de diciembre de 2014

Apenas tribus


Hemos llegado incluso a la organización de asambleas mundiales, en las que se dirimen tanto las diferencias, como se coordinan los objetivos comunes de las naciones. Bloques de estados, aliados por costumbres o estrategias concretas, pujan  por ser quienes corten el bacalao minero o energético y pescar lo que quede en los mares. Bajo un barniz religioso o cultural, hay una guerra permanente por la preeminencia entre los hombres, y por lo tanto política. Aún no hemos abandonado la tribu.
¿Cómo podemos sorprendernos que contiendan norte y sur, este u oeste cuando podemos trasladar ese enfrentamiento a cualquier comunidad de vecinos?
El triste espectáculo de ayer, de hombres de una misma nación y "cultura", citándose a primera hora de la mañana para darse de mamporros como calentamiento previo a un partido de fútbol que jugarían otros, es muy revelador.
Nos ha costado y nos cuesta, ir más allá de la tribu; no despreciar a aquel que no mira al mundo en el mismo minúsculo ángulo en el que lo hacemos cada uno, por anteojeras culturales o como mera excusa  para la identidad.
La muerte de un hombre por causas como estas, es siempre de lamentar; pero si como es el caso, está detrás la supuesta afición a unos colores deportivos y la rivalidad que da pábulo al odio y la violencia por motivos tan nimios,  la sensación es más de vergüenza ajena que de pena.
Francamente, me gustaría ver tanto bravo guerrero impidiendo un desahucio o equilibrando el matonismo policial de algunas manifestaciones; pero mucho me temo que, mientras no fundemos el Damnificados Fúbol Clú, no caerá esa breva. 

miércoles, 9 de julio de 2014

Gilipolling



Resulta ahora que nada puede ser novedoso sino viene embalado en una lengua que la mayoría de la población conoce poco y mal. Es patético escuchar a gente (que tampoco habla bien su propio idioma) atreverse con otro para sugerir conocimientos que no posee. No somos capaces, da la impresión, de inventar nada, y nuestra función en el panorama internacional consiste en reproducir lo de allende nuestras fronteras, nombrándolo con una media lengua que termina por desconcertar a propios y extraños. ¿Crowd funding? no os imagináis la de versiones ininteligibles que he oído de lo que se puede castellanizar como micromecenazgo...; aunque ahora que lo pienso, para muchos es una palabra con demasiadas letras y sin pausas... y les sale más a cuenta un ridículo en lengua foránea. O sea, que no inventamos, y seguramente no inventaremos porque nuestros jóvenes mejor preparados son exportados sin beneficio aparente, vía "movilidad exterior" y lo que probablemente sea uno de nuestros mayores capitales, el Castellano, es desplazado en aras de una tontería generalizada como lo es aparentar saber lo que se desconoce o pretender renovar, renombrando apenas.

Esto se ha llenado de bilingües en cuanto nos hemos despistado; el "nivel medio" de Inglés está tan extendido en nuestro país, que apenas queda gente que desconozca esa lengua, si nos atenemos a la cartelería y la publicidad.  
De por sí, ya era triste que una serie que se llamaba: "Hill Street Blues" (los azules de Hill street) fuera rebautizada por aquí como: Canción triste de Hill Street (Lo que no entiendo muy bien es porque no: Canción triste de la calle de la colina, ya puestos a traductores de fin de semana)

lunes, 24 de febrero de 2014

Un día triunfal (celebración de un aniversario)


El 8 de Marzo de 1914, un escritor se acercó a una mesa alta donde solía escribir de pié, y en un arrebato de inspiración, escribió sin interrupción, más de treinta poemas que serían el alma de: El guardador de rebaños, obra atribuida a uno de sus seres interiores al que bautizó como Alberto Caeiro; a continuación, en algo parecido a un trance, escribió uno de los poemas-delirio más significativos de la obra firmada con su verdadero nombre: Lluvia oblicua.  Hablamos de Fernando Pessoa, el gran poeta portugués que se hizo acompañar en su inmensa obra, por seres a los que llamó: Heterónimos*, esto es, no ya seudónimos, sino personalidades diversas que le habitaban y tenían rasgos y estilos literarios propios. Los más conocidos de estos personajes imaginarios que le ayudaron a exponer su vasto mundo íntimo, son: Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos, António Mora y Bernardo Soares, a quien atribuyó el libro más sorprendente que he leído en mi vida: El libro del desasosiego. Fue tal el impacto que me produjo esa obra, que al mediar su lectura, decidí que no quería leerlo hasta el final, y a partir de entonces,  comencé a abrirlo aleatoriamente, con la cándida esperanza de descubrir textos no leídos anteriormente. Así estuve durante 17 años, leyendo o releyendo aquí y allá; siquiera tomaba la precaución de no acercarme al final del tomo, porque no es un libro que tenga una trama que pueda seguirse, sino un glorioso destripado de su alma, reflexiones y análisis de los temas más diversos, hechos por una mente prodigiosa. Finalmente, al salir una nueva edición a cargo de El Acantilado, y debido al mal estado del original de Séix Barral aparecido en los años 80, decidí comprarlo y leerlo como se supone que debería hacerse, sabiéndome expuesto a la pena de terminar de leer lo que me hubiera gustado no tuviera fin. Como la obra de Pessoa no fue ordenada ni publicada por él mismo (apenas un puñado de páginas en revistas literarias y un poema (Mensagem) que a mi gusto no tiene el menor interés ni es representativo de su genio), cada editor ordenó como mejor pudo sus escritos, atendiendo a las escasas instrucciones escritas dejadas por el autor como recordatorio de sus intenciones. Me encontré con los mismos textos que conocía perfectamente; pero esta vez estaban organizados con la intención de mantener una correlación que me pareció más propia de las necesidades editoriales que del espíritu de la obra.
El trabajo de Ángel Crespo en la primera edición y traducción de: Livro do desassossego en Castellano, me sigue pareciendo insuperable; por eso seguramente perdí de vista la nueva versión de El Acantilado de 2002. No sé si lo regalé o lo presté, cosa que nunca debe hacerse con los libros, que son muy orgullosos y casi siempre deciden no volver a nuestros estantes; pero que en cualquier caso, deja a las claras mi poco aprecio por esa nueva versión .
El 8 de Marzo hará cien años de aquel día triunfal del peculiar y exquisito pensador y literato luso; no conozco su obra al completo, porque aún (más de ochenta años después de su muerte), continúan los estudiosos intentando recomponer el rompecabezas de una obra inconmensurable contenida en un baúl mágico que sigue dando sorpresas. 
Escritos filosóficos a cargo de António Mora; poemas de los ilustres : Caeiro, Reis y Álvaro de Campos; poesía y ensayos sobre ocultismo del propio Pessoa o el Libro del desasosiego de Bernardo Soares, han alimentado  mi admiración en los últimos treinta años. 
Es muy poco lo que he encontrado en su obra que pueda considerar "olvidable", como las novelas policíacas del Dr. Quaresma o algún grandilocuente poema-panfleto a la búsqueda de una subvención gubernamental.
Desde aquel primer encuentro de hace décadas, el reconocimiento a su figura ha crecido internacionalmente; hoy ya está justamente instalado en el Olimpo de los grandes creadores europeos, y ha crecido exponencialmente el número de estudiosos de su legado y el de lectores agradecidos a su brillante genio y talento literario. 


*Heterónimos de Fernando Pessoa (no están todos los que creó a lo largo de su vida, comenzando por Chevallier de Pas a los seis ños de edad):

Alexander Search, Charles Search, Charles Robert Anon, David Merrick, Fray Maurice, María José, Antonio Seabra, Joaquím Moura Costa, António Mora, Barão de Teive, Thomas Crosse,  Jean Seul de Méluret, Alberto Caeiro, Clarice da Rocha, Álvaro de Campos, Lucía Queiroz, Jerónimo Chiado, Bernardo Soares, Ricardo Reis, Frederico Reis, Abílio Quaresma, Raphael Baldaya, Vicente Guedes etc.

sábado, 15 de febrero de 2014

Desterrados y descerebrados

La crisis, entre sus muchas consecuencias, dio en desplazar a mucha gente, tras perder la posibilidad de pagar los onerosos gastos de una metrópolis. Se esparcieron los citadinos, y miraron de lejos la escasa calidad de vida que entonces tenían; almibarada eso sí, por una oferta cultural y eventos a mansalva a la que sólo podían asistir de Pascuas a Ramos. Todo el relumbrón de las urbes, siempre enmascara miserias cotidianas; ayuntamientos arbitrarios; aire de escasa calidad; ruidos incesantes (unos necesarios y otros no), que mantienen al urbanita en un larvado estado de crispación, y esto sólo vale para los que aún no estuvieran desquiciados. Desde la calma rural, o la pachorra más o menos autista de los pueblos no demasiado grandes, el exiliado termina encontrando demenciales, los usos y entorno de las megalópolis o sus contagiados satélites. No tener que recordar dónde tuviste que dejar tu vehículo, tras deambular por calles y callejas hasta la irritación, porque está dentro o en la puerta de tu casa, es un placer modesto; pero de indudables efectos sedantes. La ausencia de estrépito y guerra bacteriólogica automotriz e industrial, da una sensación de paz natural que no es real del todo; pero comparado con lo que uno ha dejado atrás, cualquier cosa da el pego.
Los desterrados que probablemente no tengan oportunidad de volver al mundo, ni al lugar en que habitaran, se construyen unas rutinas nuevas, con el pié posado apenas en el acelerador. Ajustan su presupuesto, y terminan aprendiendo tareas largamente en desuso en las grandes concentraciones urbanas. 
En la gran espantada, a mí me tocó una región donde la corrupción política, es una de las tradiciones con más acervo, y aprendí que no es casualidad, el que le hubiera tocado este dudoso honor a nivel nacional. En una tierra donde la palabra carece de valor y la ventaja debe conseguirse a cualquier precio, es razonable que sus dirigentes sean los eximios representantes de esta mentalidad parasitaria.
Ser paleto y tramposo no es necesariamente un tándem indisoluble; pero es tan grosera la combinación, y tan extendida en estas tierras de lazarillos, que lo de los políticos es apenas una consecuencia más. 
Cuesta abstraerse de este ambiente culturalmente nocivo; pero manteniendo una prudente distancia de los nativos, la vida puede ser muy llevadera, al norte, al sur, al oeste y al este del Edén.