sábado, 21 de septiembre de 2013

Russian Beauty



Unas de las últimas declaraciones del presidente ruso Vladimir Putin, en el sentido de que nadie levantaría un dedo contra Berlusconi si este fuera gay, junto a la propaganda anti homosexual a cargo de su administración y el aparente desinterés por las crecientes agresiones contra este colectivo en su país, me han recordado una magnífica película con Kevin Spacek: American beauty. En ella, un militar retirado, hacía gala de una hostilidad desmesurada por todo lo que estuviera relacionado con la homosexualidad, al tiempo que ensalzaba la virilidad en el mundo varonil como máxima virtud, llegando incluso a ejercer la violencia contra su propio hijo en su afán de adoctrinamiento. No he podido olvidar asimismo, la cantidad de fotos que he visto del mandatario ruso, medio en cueros enseñando palmito; vestido de karateka zarandeando a algún sparring, o en actividades belicosas, rayanas en el "Rambismo" 
Por no destripar el final de aquella película de Sam Mendes para quien no la hubiera visto, me abstendré de seguir estableciendo comparaciones entre la película y algunos acontecimientos de la política rusa; ¡ahora sí!, para los que sí hayan visto American beauty, ¡qué sospechosas son algunas coincidencias! ¿verdad?



domingo, 8 de septiembre de 2013

Que nos devuelvan los jamones (y las lamidas de culo)

A la gente del COI no se les mueve un pelo con el jamón de bellota, estos superatletas del canapé y la alfombra mullida, acostumbrados al caviar, quizás les haría más tilín unos huevos de esturión al menos igual de pesados que los huevos de los centuriones de la eterrrna (por lo de r que r) candidatura del Madrid olímpico. Hablarle a estos tipos de austeridad, es como hablarle a un banco de nuestro honor y fiabilidad, esperando sobre esas bases el crédito. Decirles que nuestras instalaciones ya están hechas, es decirles que no estrenarán nada (por no decir que van para obsoletas), así que estos argumentos, espero, serán descartados en una hipotética nueva puja. 
Hemos escuchado hasta la saciedad que el proyecto de Madrid es el mejor (¡Semos los mejores!) y siempre palma, así que parece que no basta con la autocomplacencia, y hay que convencer, no a los payasos, que parecen vivir convencidos, sino a los dueños del circo.
Personalmente estoy encantado de este baño de humildad que ha caído en la tormenta porteña, porque sé que los recursos necesarios para esta muestra de grandiosidad y poderío iban a ser detraídos de las becas de nuestros jóvenes; las pensiones de nuestros mayores, la sanidad, la educación y todos los servicios que realmente hacen grande a una nación.
 Esta descomunal dosis de opio que nos venían preparando, sería parte importante de la justificación de nuevos esfuerzos y sacrificios a una población exangüe; repartija de prebendas entre el empresariado amiguete, ansioso de recuperar donaciones opacas, y atropellos urbanísticos para allanar las pistas de los titanes de la excavadora y el contrato público. 
He escuchado a una atleta decir que nos rechazan porque nos tienen envidia; con estos argumentos, lo que conseguiremos, es que nos tengan lástima. Ir con jamones a tentar a la casta olímpica es como ir a Loewe y proponer el cambio de un bolso que nos gusta, por dos gallinas y un bonobús; a ver si nos vamos enterando de que no somos una potencia, sino unos impotentes con ganas de follar por la cara.